Pasar de pantalla
Nunca me han llamado la atención los videojuegos. De pequeña en casa de mis padres, nunca tuvimos ninguna consola. En nuestra época existían las salas de máquinas donde los más guais se reunían y donde a mí me daba una vergüenza terrible entrar. Que recuerde lo hice dos veces: una en la de mi pueblo a comprar chuches, y otra vez en el pueblo de al lado donde jugaron mis amigas a matar marcianos o algo así.
En esa ocasión, tampoco me atreví a probar porque no me veía capaz de superar ninguna de esas pruebas, y el simple hecho de que todos se pusieran alrededor de aquel maquinote a mirar como jugabas, ya se me disparaba la tensión y aniquilaba mi nula habilidad. Nunca me he crecido ante la presión de las miradas y claramente eso no era para mí. Así que, exceptuando el tetris, nunca he jugado a ningún videojuego.
Pero a Toni le encantan, y un día me puso un mando en las manos para jugar juntos. A mí, sigue sin llamarme la atención ni lo más mínimo, pero admito que viéndole jugar a él, esos videojuegos dignos de ser superproducciones, incluso con bandas sonoras espectaculares, me gustaría que me gustara (como cocinar, como coser, o como tantas otras cosas que tampoco me gustan, jeje). Y aunque dentro de las cosas que no me gustan, existen las que son obligatorias hacer y las totalmente innecesarias, jugar a videojuegos entra en el último bloque.
Pero bueno, ahí estaba yo con el mando entre mis manos, la pantalla y el muñequito parado esperando le diera vida e instrucciones. La corta experiencia fue nefasta, de completo chiste. Más torpe y me mandan a las cavernas: no fui capaz de darle la vuelta al personaje y echar a correr, lo dejé castigado contra una pared dándose de cabezazos sin parar hasta que me tuvieron que ayudar para salir de ahí.
¿Qué tan difícil es darse la vuelta, mirar arriba, salir del agujero y continuar? Hay que ver lo que me cuesta darle al botón de SEGUIR ADELANTE SIN MIRAR ATRÁS, empezar de nuevo con otra partida donde el ostión solo sirva para pasarte la pantalla con más facilidad.
Tanta lectura estoica para darme cuenta de que han habido demasiados momentos en los que he sido como ese muñeco, ¿será que me faltaron los poderes?
Algunos de ellos los he ganado en este tiempo.



Comentarios
Publicar un comentario