Amores del 2025
Por si alguien se ha dado cuenta, sea la fecha que sea, es el turno de este post por lejano que parezca. Viendo lo que tardo en escribir, llegará el día que escriba sobre amores atrasados de varios años.
En fin, siguiendo la tradición, toca hablar sobre el amor, o los amores, que llenaron el año que pasa (en este caso, que pasó hace más de cinco meses). Me refiero a la emoción bonita que ocupa gran parte del recuerdo sobre ese tiempo y que merece la pena destacar.
¿Qué amor me dio la vida este pasado año 2025? Pues sobre todo uno:
La pequeña hacía tiempo que buscaba un deporte y le hacía gracia probar el básquet. Por otra parte, yo quería que tal deporte estuviera fuera del colegio, por eso de salir del entorno de siempre. Traté de buscar el baloncesto infantil por los pueblos de alrededor pero no acababa de cuadrarme el horario o los días. Y aquello que comentándolo con una amiga me dijo: “¿y por qué no prueba handbol donde juega mi hija? Ahora están haciendo puertas abiertas toda la semana. Va, que yo te la puedo llevar al tiempo que llevo a la mía”.
Plan perfecto: no le veía la pega por ningún lado y poco agradecida le estoy a esa madre por habernos llevado hasta aquí por el montón de alegrías nos ha dado.
En su primer día de prueba ya salió afirmando alegremente que quería continuar con eso. Salió encantada de la vibra y del juego: todo le gustó. La idea era encontrar un lugar donde jugar entrenando y divertirse. Debía aprender un juego nuevo, así que nunca hemos tenido grandes expectativas ni era ese el objetivo. Los entrenamientos son lugar feliz para ella y verla reír con sus compañeras me ha llenado de felicidad. Con los meses, ver su evolución en los partidos, aunque se hayan perdido casi todos, ha sido un evento semanal familiar que también nos ha llenado de emoción y orgullo.
Ella tiene una voluntad inquebrantable, una seguridad fornida y sigue jugando con la ilusión que le caracteriza. Cada día aprende más. Me encanta su actitud constructiva y hemos tenido mucha suerte con el equipo tan majo en el que está.
Es bonito formar parte de un equipo, no negaré que me emociona bastante. Es chulo eso de ser de un club, seguir los partidos y celebrar las victorias. Aunque de momento nosotras tenemos pocas. No me imaginaba yo esto, pero soy su mayor fan, esa hooligan que anima en el partido y que me acabo contracturando sola por los nervios que vivo en algunas ocasiones de tensión.
Estoy hablando de handbol mini señoras, no vayan a pensar que juega en primera liga, (me parto de risa sola, jajaja). En realidad, se le nota que nunca ha practicado ningún deporte y le falta mucho fondo, fuerza y técnica. En ello está: aprendiendo.
Tampoco necesitamos copas ni ser las primeras en las clasificaciones, aunque un poquito de espíritu competidor no les vendría del todo mal. Precisamente este finde ha ganado su primer y único partido en esta segunda fase de temporada, y claro que mola ganar, pero de verdad que ese no es el fin de todo el esfuerzo que supone llevarla de partido cada fin de semana. El objetivo es claro: que siga aprendiendo y mejorando como lo está haciendo, disfrutar así de un deporte, de su equipo, de las grandes amistades que ha hecho, de cómo ha cambiado su vida el handbol, de la disciplina y el compromiso que requiere…ese el mayor regalo del que me he enamorado y deseo mantenga en la medida se pueda.
La penita hoy, es saber que para la próxima temporada se vienen demasiados cambios con la nueva categoría y el cambio de equipo. La cosa se va a poner muy complicada y dudo se repita este amor, veremos cómo le va.
Por nuestra parte, le apoyamos y animamos a que no se rinda.
Empezar a correr
Ver correr a la gente siempre ha sido algo que me ha fascinado porque en mi caso, para una nula deportista como yo: vaga por naturaleza de mediocre capacidad y cero fuerzas, ese deporte era algo destinado a personas super heroicas. Correr…madre mía…con lo que eso cansa… ¿estamos locos? ¿Quién puede hacer eso?
Mi parte deportista en la vida consistió en algunos años de gimnasio antes de ser madre, donde guardo unos recuerdos absolutamente MARAVILLOSOS. Allí sin tener máquinas ni pesas, eran clases dirigidas por una monitora fabulosa y unas fantásticas mujeres de todas las edades, que nos juntábamos para bailar zumba, sesión de piernas, glúteos o lo que tocara. Y no quiero que parezca poco porque aquello era el ejercicio de fuerza que tan de moda tenemos, que tanta importancia tiene, que tan bien me fue y tan bien me iría retomar.
Bueno pues movida por la envidia de ver a Toni correr y la necesidad de mitigar mi vida menopaúsica y sedentaria, empecé a correr a finales de año. Lo mío es patético, lo admito. Hoy, seis meses más tarde, he conseguido correr seguidos solo 2 kilómetros a una velocidad ridícula (7,35 o más) y tampoco todos los días. Pero me siento orgullosíííísima y cuando acabo, mis piernas se sienten tan agradecidas y ligeras que simplemente por eso, vale toda la pena.
Pero como digo en el título “empezar a correr” es precisamente: empezar a correr. Ninguna maratón me espera, no hay ninguna meta que deba cruzar salvo la de seguir al ritmo que sea.
Las cosas buenas del 2025 se han caracterizado por el
deporte para toda mi familia.
A mayo de 2026, seguimos en la misma línea.




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