48

 


Julio de nuevo y despidiendo mi mes al mismo tiempo. No puedo dejar pasarlo sin actualizar: seguimos viva básicamente.   

No creo que recuerde los 47 años por nada especialmente bueno, salvo porque todo hubiera podido ser peor, eso sí. Que no se diga no sé ver el lado positivo. Síganme para más consejos, jaja. 

Esta vez voy a hablar de mis dramas, así, como si nadie me escuchara. No me apetece ignorar un año como ha sido este. Vamos a ello. 

Después de unos cuantos en perimenopausia bailando sola como una loca en mitad de la fiesta, con 47 ha sido el año donde oficialmente entré en la menopausia definitiva. Adiós menstruación. 

Sin ser experta en la materia y al igual que mi madre, he sido bastante precoz teniendo en cuenta los años que hace que vengo batallando con tantos cambios. La genética es cabrona, suele tener tendencia a arrastrar aquello menos propicio. En tertulias con amigas esto es un desajuste totalmente emocional y otro tipo de “genética”, una perspectiva más holística del asunto…estoy abierta a todo sin ser cerrada en nada, pero ahora mismo es lo que hay. Sin duda, todo trabajo interno que libere estrés mejorará la calidad de mi vida.   

Y es que han sido unos años personalmente complicados, bastante difíciles para mí: sofocos, cambios en el peso, tremendos cambios de humor, un insomnio horrible y olvidos más recurrentes de lo normal, de esos que te asustan y todo. Me he sentido identificadísima con todos los síntomas (o casi todos esos) que explican en los reels y los podcasts. Hacen una gran labor por pesados que parezcan porque cuando te encuentras tan mal sin saber por qué, consuela tener respuestas. 

El insomnio fue y es sin duda el peor de todos los efectos en esta nueva vida. Los cambios de humor tampoco han sido fáciles, pero no dormir tus horas día tras día, hacerlo de forma intermitente pasando horas despierta y caer de nuevo en el sueño justo cuando debes despertar, acaba con tu energía, tu personalidad y tus ganas de vivir. A esto no te acostumbras principalmente si luego eres una mujer que le espera el día lleno de responsabilidades.   

Otra cosa que no sé si viene a cuento, es que quizás por acumular años de sueño, quiero creer, en estos 47 he desarrollado una sensibilidad brutal al ruido. Todo me molesta, y si es a partir de las 21:00h de la noche, ya ni te cuento. ¿Me estaré volviendo loca? ¡Es que he llegado a salir a correr sin música! Date cuenta de lo que hablo. Con lo que yo he sido que necesitaba música para todo…no sé si debería preocuparme por este detalle o simplemente es que el amor por el absoluto silencio. 

Ha sido un año de bajas. Soy una persona con cierto grado de dificultad para encajar y para agradar en general, esto no hay años que lo quite. Lo vengo aceptando con muchísima dignidad, algo que sí ganas con la edad. Comprendo todo son etapas y la fortaleza está en integrarlo así. Lejos de lo que pueda parecer, no estoy enfadada ni mucho menos, estoy atenta. “No estoy triste, solo me doy cuenta” (me encanta esta frase). 

En definitiva, salvo algún tropezón de esos que te parten las dos piernas por no mirar bien al lado, los 47 vividos han sido año de esta transición que detallo. También creo que estoy más estable, es como que poco a poco me voy adaptando (o sobrellevando, jaja)   

El resto de patas de esta mesa están bien gracias a Dios. Mis niñas creciendo sanas y preciosas, entrando en una adolescencia cada vez más intensita con todo lo que ello conlleva y Toni cada vez más guapo y contento con sus giros de dirección que le han permitido un disfrute bestial. Yo vivo feliz y agradecida por todo ello.   

Y nada más, este mes he soplado velas y confío en las estrellas para todos mis deseos de cumpleaños, leí que el Universo tiene presupuesto, aunque yo intentaré poner todo de mi parte para ayudarle que no se diga. Especialmente volviendo al lado más esencial, más calmado, más dulce y romántico que tengo un poco olvidado.   

Felices 48 y felices vacaciones. 

 

 

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