Art & Wine
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Art & Wine |
El mes pasado, una mami del grupo propuso ir una tarde a hacer una actividad llamada “Art & Wine”, y nos pasó el Instagram de la chicas que realizaban el taller a ver que nos parecía. A mí me gusta apuntarme a TODO. Soy de las que siempre dice que sí sin pensarlo mucho. Y cuando abrí el enlace y deslizaba hacia abajo fotografía tras fotografía, publicación tras publicación, pensé: “vas a hacer el ridículo, pero qué más da”.
La actividad consistía en pintar un mismo cuadro, cada una el suyo, mientras tomamos un vinito acompañado de música y un picoteo de queso, fuet y palitos de pan. Muy chic, ¿verdad? Una idea muy original que inicialmente me gustó pero que luego me asustó un poco porque eso de dibujar y pintar nunca había sido lo mío.
No tengo habilidades artísticas, mis manos nunca han sido demasiado productivas. Mi hiperhidrosis palmar ha hecho de mí una verdadera torpe en materia de manualidades (me repito muchísimo). El caso es que tampoco iba a echarme atrás y aun siendo consciente de mis limitaciones artísticas, dije, “yo voy y si me queda un moñigo, será mi moñigo”. Vamos a pasarlo bien.
¡Y así fue! ¡Qué bien me lo pasé, y que FELIZ salí de allí con mi cuadro pintado por mí! La primera sorpresa fue que conocía a una de las que lo organizaban. Por el nombre no la reconocí, pero nuestras hijas competieron juntas antes de la pandemia. Fue agradable volver a verla.
Nos tenían preparada la mesa con nuestros seis caballetes y lienzos en cada uno de los seis sitios. Montones de pinceles, la paleta con las pinturas que íbamos a utilizar y una gran copa de vino lista para usar.
Tomamos asiento, nos sirvieron el vinito blanco y con
una música agradable de fondo, sacaron el dibujo que íbamos a replicar. Es la
obra “Embrace the Sun” de Arty Guava lay Hoon. (La busqué después). Es este el original:
Arty Guava Lay Hoon, Embrace the Sun |
Claro, la artista nos daba indicaciones y nos ayudaba
a hacerlo. Iba pasando entre nosotras y corregía o reconducía el dibujo si se
salía de tiesto. Me puse nerviosa al principio, pero luego entré en un estado
de calma que me hizo disfrutar muchísimo de la experiencia. Fueron
prácticamente tres horas las que pasamos dibujando y pintando tranquilamente, y
me divertí, me concentré en pintar olvidándome de todo, me sorprendí relajada
creando las distintas gamas de colores y gocé del taller como no imaginé iba a
conseguir hacerlo, olvidándome de mis manos para recrear estas otras. Manos
negras las dos. Me pareció que escondía un mensaje para mí.
Yo pintando |
Salí con mi cuadro completamente feliz y orgullosa. Esa es la palabra, ORGULLOSA. No era ni el más bonito ni el más perfecto (se me fué la mano en el primer trazo), pero había conseguido acabar un dibujo fantástico con un enorme significado. Era mi primer lienzo y estaba super feliz.
Todas disfrutamos mucho, y todas salimos contentas. Fue una tarde de muchas risas y momentos divertidos. Unas horas dedicadas a nosotras sin estrés, en armonía y finalmente un estado de calma que me hizo mucho bien y me estaba haciendo falta. Luego fuimos a cenar y acabamos la velada convirtiéndola en una salida perfecta.
Personalmente, al buen ambiente que teníamos se sumó a hacer algo que nunca había hecho antes: algo nuevo. Hacía muchísimo tiempo que no hacía nada distinto. También es lo lógico si nunca me atrevo. Mi vida, desde hace años es cíclica y previsible. Pocas cositas nuevas me sorprenden que además sean tan positivas. Y esto lo fue. Dejarse llevar olvidando lo demás es siempre la mejor de las opciones. Quizás para ellas no fuera tan importante pintar un cuadro, pero para mí fue increíble. Lo tengo en el comedor y cada vez que lo veo, sonrío y me recuerdo a mí misma que lo hice yo. Sí, este es el nivel: feliz de haber sido capaz de pintarlo.
A la salida, yo que soy del todo transparente, no puede evitar hacer el comentario (siempre hablo demasiado, jaja) sobre la limitación siempre impuesta por mí misma debido a mi excesiva sudoración palmar, y resultó que la chica que acompañaba a la pintora también sufría de lo mismo que yo. Charlando sobre nuestro problema, me dio el nombre de unas pastillas que su dermatóloga la había recetado. Eran bastante nuevas en el mercado y le habían funcionado divinamente para controlar su hiperhidrosis. Tanto fue así, que había podido disfrutar de llevar sandalias todo el verano. Que gran descubrimiento, para mi y mis hijas que de mí lo han heredado.
Me pareció el broche final a esta experiencia que si la analizas como se merece, ha sido realmente mágica: mi temor al ridículo debido a unas manos, que al final las acabo dibujando.
Hasta tengo ganas de volver a pintar.
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