viernes, 16 de septiembre de 2016

Detalles de nuestras vacaciones




Me pasa una cosa, no tengo tiempo ni ganas de escribir pero si de contar, ¿entonces qué? Entonces, hay que obligarse.  

Me ha parecido muy pobre el post de las vacaciones, soso, breve para lo que me han gustado. Así que voy a estirarlas un poco más y hablar de ellas con más detalle para recordar cositas:   

La ida la hicimos en dos tandas. Para ser el primer viaje nos pareció lo mejor por dos razones: nunca habíamos conducido tantas horas con las niñas y no queríamos llegar de madrugada. Así que nuestra parada a dormir fue en un pueblecito de Ciudad Real. En teoría para cuando teníamos previsto llegar (sobre la 1 de la madrugada), las niñas deberían ir dormidas puesto que a las 11 caen, pero no, llegaron despiertas y como una moto. Con mis hijas ningún plan se ciñe a lo previsto. Carla además muy ilusionada porque esto de ir de hotel nunca lo hemos vivido (dejemos de ir a hoteles cuando le diagnosticaron la alergia y  nos lanzamos al mundo caravanil) por lo que para ella era una excitante novedad “es com anar de colonies”. Eso de parar a dormir fue finalmente una gran idea, lo pasamos bien, una aventurilla chula. Por la mañana, desayunemos y seguimos la última etapa.

La inversión del verano ha sido las pantallas de tele para el coche. Hohoho, que maravilla por favor, bendita sean. Espero duren mucho tiempo porque ya no se vivir sin ellas. De peli en peli, íbamos haciendo camino. Recomendadísimas. Ya no salgo de mi pueblo sin ellas. Hubieron muchas paradas, pipis, estirar las piernas, tomar un zumo, un polo….pero se portaron como unas campeonas.

Temía mucho las altas temperaturas, pero tuvimos la suerte de los principiantes y no se dispararon los termómetros, o por lo menos a mí no me pareció tan bestia el calor. Y es que allí es un calor seco y es distinto. Paseas por la sombra, y estas medio bien. Esto aquí no ocurre. Aquí sudas como un pollito en la sombra también. Prefiero unos grados más pero un calor seco a tener esta humedad azqueroza.

Los días que fuimos a Córdoba y Granada, visitemos Mezquita y Alhambra (por fuera porque no habían entradas hasta noviembre) después de comer mientras Judit dormía la siesta en su cochecito, es decir, ¡sobre las 4 de la tarde!. Y sí, calor hacía, pero perfectamente soportable. Es más, dato curioso, el agua de la piscina del pueblo estaba ¡¡helada!! ¿Cómo puede ser? Si la de mi pueblo este julio la teníamos templadita…¿de dónde la sacan?

Me reitero. Me encanta el sur, me identifico muchísimo con ese carácter y me enamora la luz que tiene, allí el sol brilla de otra manera. También digo que se añora nuestro verde intenso, nuestras montañas, pero la alegría de la gente aunque sea es topicazo, es una realidad.

Aun con gps, cada vez que salíamos del pueblo, nos equivocábamos. Estoy convencida abrimos caminos nuevos, descubrimos entradas que seguro ni mi tío residente desde nacimiento, sabía que existían. Increíble. ¿Cómo podemos ser tan malos? Carreterillas en medio de olivares donde no pasaba ni el aire….¿seguro es por aquí? ¡y yo que sé! Jajajaja.

Nosotros si no visitamos urgencias del sitio donde estamos, no estamos contentos. A partir de ahora, juro que llevaré preparado la dirección del hospital más cercano porque no hay vacaciones que no fichemos. Nos sentemos a tomar algo en Granada y Carla se llevó la carta de polos de la barra. Cuando fue a devolverla, lo hizo corriendo y chocó con un camarero que también iba deprisa, lanzando a mi niña contra la pared de la barra, y dando con la cabeza en un ribete decorativo de obra que había a media altura. Además con los pies dio contra una puerta de hierro que había al lado, de manera que el golpe fue sonoro y el susto gordo. Cuando le miramos, tenía un chichonazo en la parte de atrás de la cabeza importante, y ella, llorar y llorar y más llorar, que le dolía mucho.

Carla es de llorar y no es la primera vez que corremos por un chichón en la cabeza. La vez anterior fue porque se cayó de la cama, en urgencias nos dijeron que el simple hecho de salir chichón era buena señal y si no había perdido el conocimiento y contestaba bien a todos los estímulos y preguntas, no había que alarmarse. De modo que no quise ponerme nerviosa, pero claro, si no se le pasa y dice que le duele, te cagas viva porque es un golpe en la cabeza. Así que decidimos volvernos al pueblo. Hora y media de camino llorando.

Pues nada, lleguemos y nos fuimos a urgencias a pasar revista. Realmente esta experiencia daría para un post entero porque la histeria fue cobrando vida por momentos al más puro estilo “familia de locos” que es lo que somos. De nuevo, nos perdimos entre olivares, 25 kilometros infinitos entre olivos, y es que allí no tienen el hospital al lado, sino eso, a 30 kilometros del pueblo. Esta vez pensaba lo hacía bien y no, nos volvimos a equivocar. Mientras, Carla llora que te llora, chilla que te chilla.  

Finalmente llegamos y entremos como alma que lleva el diablo, a esas alturas, llevaba ya más de dos horas llorando sin parar, sin tregua. Yo que intenté no perder los nervios, convencida que solo era un chichón, después de tal nivel de llanto, temía hemorragias interiores o derrames, todas esas cosas horribles que no entiendes técnicamente que son pero que escuchas que pasan.

No sé el rato que esperemos en una sala de pediatría vacía. Yo esa parsimonia no la entiendo…finalmente apareció un enfermero que le miró las pupilas, le pregunto cómo se llamaba y nos dijo que todo estaba bien y que nos tendría una hora en observación y si seguía bien (ósea como lleguemos) nos podríamos ir a casa. Entonces, a la bendita de mi hija le entró el nervio por irse, y ahora lloraba porque se quería ir a casa. Pa matarla. “si, te puedes ir bajo tu responsabilidad…..” claro, escuchas eso y todos los demonios del miedo hipocondriaco bailan alrededor tuyo mientras te pinchan con su lanza. Ahora después del maratón que llevamos (eran las 9 de la noche y la niña ya tenía hambre y parece que por fín se había cansado de llorar) NOS QUEDAMOS. De modo que un zumito de la maquina exponedora y un kit kat (apto) hasta que vinieran a darnos el alta.

Cuando lleguemos al pueblo, entrando por una especie de polígono en esta ocasión, la niña ya venía tranquila, medio dormida y bien. Al día siguiente eso sí, a mí me salió una panza en el labio de los nervios que pasé.

La vuelta la hicimos del tirón, de noche, y nunca más. Por lo menos no así, se nos fue de las manos y salimos demasiado tarde. Los últimos kilómetros por poco tenemos que pedir patrulla de rescate. La salida del sol con ese cansancio es mortal, cae sobre ti como un manto de fuerza, dejándote el cuerpo completamente inmóvil impidiéndote mantenerte alerta con los ojos abiertos. Te caes de sueño, y eso es malísimo. Paremos, estiremos piernas, nos mojemos la cara y pudimos con el tramo más difícil.  Costaron un poco pero lleguemos.

A los días, estaba en casa y estoy reponiendo pañales en la mochila cuando veo un mando de televisión raro. Pensé no fuera de la casa del pueblo y cuando le doy la vuelta veo una etiqueta enganchada con celo “202”. Una de mis niñas debió pensar que era un mando muy bonito y lo metió en la mochila sin darme cuenta, jajaja, me entró la risa cuando lo vi.

Llame al hotel para decirles que no había sido un robo, no por lo menos intencionado, y lo envié por Seur. Supongo que lo han recibido, no me han confirmado nada tampoco, tendría que llamar a ver si así ha sido. Me supo mal por los que hayan venido detrás nuestro y hayan querido ver la tele. Además, estuvimos muy comodos y nos atendieron súper bien la verdad.


Con todo, los sustos, las risas, los momentos…. han sido las mejores vacaciones que hemos pasado en familia hasta la fecha. 



jueves, 15 de septiembre de 2016

Ocho años sin fumar


Empecé a fumar con 14 años con un par de amigas, escondidas en un lugar llamado “la piedra” porque era como un portal abandonado con una piedra grandota donde nos sentábamos. Para entonces esa calle estaba al final del pueblo, enfrente solo había campo. Hoy ya no es el final del pueblo, hay casas y parques en aquel lugar donde solo había trigo. Ahora ya una no se acuerda de aquel otro paisaje, a menudo paso por delante y aunque el portal sigue igual, se me olvida que paso delante de ella.

Mi padre fumaba y a mis hermanos mayores les había visto fumar también. Ahora no recuerdo si para entonces lo sabían mis padres o no. Supongo que sí porque las vecinas eran rápidas, como lo fueron conmigo. Mis padres no me castigaron. Sabían por experiencia que iba a hacer lo que quisiera, soy la tercera de cuatro hermanos, pero evidentemente me soltaron la charla y me aconsejaron que no siguiera fumando.

Pero mis amigas y yo seguimos. Comprábamos un paquete de Lucky entre todas y nos íbamos a fumar….ais…que gilipollas éramos.

Bueno, pues estuve fumando hasta el 15 de septiembre de 2008. Ese día dije adiós a dieciséis años de vicio para convertirse en el primero de mi condición de fumadora a NO FUMADORA. Hasta ahí. Para entonces, estaba soltera, vivía sola y podía hacer lo que quisiera. Y fumaba tanto que dije, ya no fumo más porque coño, es que me sienta mal. Pero tener esa consciencia sobre lo dañino era para mi persona, no significa que fuera coser y cantar, no. Lo pase FATAL. De hecho nadie me apoyó, porque nadie se creía iba a dejar de fumar, cosa que tampoco comprendo porque no era la primera vez que lo conseguía:

La primera vez fue cuando me operé de Hiperhidrosis. El doctor me dijo: si quieres operarte, no puedes fumar, es más, si sigues fumando, no te opero. Y tiré el paquete de tabaco en la misma salida del hospital. No me costó nada porque tenía un claro objetivo y creo que estuve cerca del año sin fumar. Y volví. La segunda vez no me acuerdo cuando fue, y duro poco, fue por un periodo de tiempo bastante inferior. Aquello fue un primer intento de lo que sería la definitiva.  

El caso es que lo conseguí. Me costó mucho esta vez, porque ya digo me encontraba en un momento estelar, pero mira, así lo decidí. Tuve que pasarme incluso un tiempo sin salir porque me convertí en un ser un tanto agresivo, jaja, con bastante mala leche y aquello afectó a algunos momentos sociales que decidí evitar hasta que se me pasara el monillo.

En esta ocasión no tiré el tabaco, lo tenía en casa. Pensé que era bueno tenerlo cerca, saber que si quería podía, pero no iba a querer. Decirle que mandaba yo cada vez que veía el tabaco allí encima me daba fuerza (valiente tontería ahora que lo pienso), y su presencia no me molestaba lo más mínimo (JA). En el curro en cambio tenía un calendario que iba tachando los días que pasaban sin fumar….no dejé de marcar los días hasta casi los 6 meses. Incluso soñaba que fumaba, algo que creo es común también. Tampoco faltó el archiconocido libro: es fácil dejar de fumar si sabes como.  Y reconozco que ayudó. Tiene cosas muy buenas. Superar los minutos que dura un cigarro o imaginar en fila india el montón de cigarros que has dejado de fumar me ayudaba a mantenerme firme y no caer. 

Y todo esfuerzo tiene su recompensa. Uno de los momentos que más orgullosa me sentí una vez que iba por la calle y un chico se paró para pedirme fuego. “No fumo” le contesté. Y solo yo fui consciente de que lo había conseguido. La sonrisa se me salía por las orejas. Allí estaba yo en mitad de la calle, sola, disfrutando de un súper éxito personal.

PD: últimamente, hace meses ya, tengo una crisis con el tabaco y me han vuelto las ganas locas de fumar. Durante mucho tiempo, cuando lo superas, el tabaco suele molestarte exageradamente. En cambio, llevo una temporada que me viene gustando el humillo….si no tuviera hijas, creo que hubiera caído ya de nuevo, pero jamás van a verme con un cigarro en la boca. Sé que no tiene nada que ver, que ellas harán lo que tengan que hacer, pero me lo prohíbo.

Espero no volver a fumar jamás, y confío que así será porque me siento orgullosísima de ello. Ocho años, ¡que se dice pronto!

lunes, 12 de septiembre de 2016

Las vacaciones en el pueblo




Cuando era pequeña, me encantaba tirarme en el suelo y adivinar qué dibujaban las nubes.  Pues ya en camino, hacía poquito que estábamos en carretera cuando de pronto, el cielo se abría dibujando un brillante corazón, ¿lo veis? Suspiré. Supe que mis abuelos nos sonreían, que están felices de que volvamos y mantengamos viva su casa, con este amor que le tengo. Estuve muy nerviosa hasta este preciso momento, nervios sobre todo
por cómo iría el viaje con mis dos gruñonas, por como estarían allí, pero en este instante, supe que todo iba a ir genial…y así fue.

Aun habiendo pasado muchos años, nada más poner un pie en la calle y cruzar la puerta, me sentí como si hubiera estado ayer mismo. Amo este lugar.   


Fueron días de exclusiva tranquilidad, que es justo lo que todos deseábamos y necesitábamos. De silencio y paz. Vivir sin prisas, a dulces sorbitos saborear todas las horas del día. Con poco somos felices. Mis hijas encantadas en un nuevo lugar por conocer. Disfrutaron muchísimo de los días en el pueblo y estaban en su salsa haciendo vida en la calle. Enseguida hicieron amigas además, con las que jugar hasta altas horas de la noche al escondite, las cartas, la araña peluda….hasta se le pegó el acento un poco a Carla. Mis dos exploradoras eran un peligro entre tanta cuesta. Algún susto tuvimos. Tampoco pudieron faltar el desayuno de coñaras con chocolate. 















 También hubo tiempo para visitar Córdoba y Granada. Que bonitas son las dos. Era la primera ocasión en que hacíamos turismo en familia. Desde que somos padres, nos habíamos apoltronado en los campings y que gusto retomar un poquito la dinámica de andar y visitar nuevos lugares. Me supo a caramelo.






Volveremos mucho más a menudo. A todos nos ha encantado. Misión cumplida. Todo ha valido la pena. Si me ayudas un poco, “esto seguira como está abuela”.


Te lo prometo.





miércoles, 3 de agosto de 2016

Verano Azul


Hemos sido siempre una familia muy humilde, así que cuando éramos pequeños, nunca fuimos de vacaciones como se entienden ahora las vacaciones: camping, apartamento, hotel…. Como mucho al pueblo, pero tampoco todos los años. Así que cuando se acababa el colegio y llegaban las vacaciones de verano,  los principales recuerdos que se me vienen a la cabeza son: ayudar a mi madre a hacer la faena de la casa, salir a la calle y al parque de enfrente de casa a jugar, los días de playa con mis tíos, la piscina del pueblo de vez en cuando y los dibujos animados y las series de la tele que podías ver durante toda la mañana porque no ibas al cole: David el gnomo, Tom Sawyer, Barrio Sesamo, Willy Foc, D’artacan, Heidi y Marco….me pongo nostálgica, son los dibujos de mi infancia.  

Pero también hubo series, y voy a hacer especial mención a la primera que ví (y que yo recuerde), la que con toda seguridad forma parte de la vida de muchos y ha escrito todo el mundo sobre ella porque, sin duda, todos le tenemos reservado un laíto de nuestro corazón: VERANO AZUL.

A todos nos marcó, formó parte de nuestras vidas, no sé las veces que la he visto en televisión y a mí personalmente me encanta que la repongan. Ahora hace años que no lo hacen y no entiendo por qué se criticó tanto que la echaran de nuevo verano tras verano. Con el montón de porquerías que hay en la tele, y vienen a quejarse de Verano azul….que vida tan triste han de tener para quejarse de ello! 

Hace cosa de unas semanas, le puse a Carla el primer capítulo y lo vimos juntas. Ella no es mucho de tele, pero aguantó bastante. Me emocioné muchísimo de volver a verlo junto a mi hija. Sorprende verse identificada como padres al mismo tiempo que como niña, y me emociono ese momento de intensos recuerdos. Cuando esto me pasa, mi hija me mira sin entender nada jaja, para ella, llorar significa todavía algo malo, y me preguntaba qué me pasaba….por más le decía estaba emocionada porque me recordaba cuando yo era pequeñita, no lo acababa de procesar y acabó rascándose los ojos y medio llorando también de verme a mí. Pobre mi niña, me la como.  

Esta pandilla (adoro esa palabra: PANDILLA) tan diferentes y tan iguales, formada por chicos y chicas de distintas edades y clases sociales, comparten vacaciones de verano en un pueblo costero precioso, consiguiendo crear un fuerte vínculo de amor y amistad junto a Chanquete y Julia, un marinero jubilado y una pintora que está veraneando sola (de mi quinta actual, jeje) Sus  aventuras, sus sentimientos, sus líos…lo típico de esa edad claro, ¿quién no se ha sentido identificado en algún momento con alguno de ellos cuando eres un crío? Esos maravillosos veranos de salir a la calle con tus amigos a disfrutar solo de eso, la calle, la pandilla y todas las aventuras (gamberradas) que se nos ocurrían.  

Creo que independientemente del cariño especial que le tenemos por ser parte de nuestra infancia, Verano Azul, es una serie que nunca pasará de moda por más años pasen.  Siempre nos  transportara a nuestra niñez, a nuestra adolescencia, y aunque los cambios con esta nueva generación son abismales, refleja inquietudes y maneras de ser que todos tenemos a esa edad, las relaciones con nuestros padres, con los amigos…. Es una serie de una época pasada que nos identifica, pero al mismo tiempo trata temas del día a día, importantes y vitales para todos, de amor, de convivencia, de la vida…. Es un reflejo de nosotros, del antes y de ahora. De cómo hemos cambiado y cómo seguimos iguales.

Inolvidables momentos: “Chanquete a muerto”,  “No nos moverán”,  “el final del verano” AMOR, nostalgia, cariño, piel de gallina, jaja. Es todo eso.


Empieza mi particular verano azul...y blanco. 

Felices vacaciones, disfruten de ellas todo lo que puedan, todo lo que el verano dé de sí.  ¿Acaso no es en el verano donde guardáis vuestros mejores recuerdos? Los míos sí. 

Hasta la vuelta! 



viernes, 22 de julio de 2016

Cambios Plutonianos


Hay veces que quieres ayudar a alguien y por más que lo intentas, no es posible. No se deja. Entonces, con todo la pena de tu alma tienes que dejar de insistir absurdamente, echarte a un lado y dejarle pasar, que siga su camino aunque vaya derecho al desastre. Esto con toda la pena del corazón claro.   

Comprendo que cuesta mucho tomar decisiones cruciales en la vida, de esas que hacen daño, que te pone tu mundo patas arriba, de las radicales. Se hunden muchos sueños con ellas. Cuando las ves desde fuera, son muy fáciles, es verdad. Comprendo que para todo se necesita pasar por un proceso que no llega de un día para otro, ni de dos. Comprendo que a veces, mirar para otro lado pueda ser la solución a la imposibilidad de actuación. Lo puedo entender porque a todos nos ha pasado de alguna manera u otra. Pero hay límites, y los has de ver. No tenemos quince años.

Que sí, que existen muchas razones de peso para aguantar, y piensas que por esas razones has de continuar y mejor no hacer nada, acostándote cada noche pensando que “ya se solucionara”. Pero no H.M Ojala fuera tan fácil, normalmente no se solucionan así, es más, suelen empeorar.

Una vez leí un cuento que me fascinó y desde entonces lo recuerdo en estas  ocasiones. Debió quedarse archivado en algún rincón de mi azotea. Lo he buscado y no lo he encontrado, pero le llamaré “cambios plutonianos”. Yo que tan pronto no creo en nada, como creo en todo (según me pilles) me fasciné con él, porque esto pasa.

Contaba que a veces en la vida, mantenemos cosas o situaciones que en el fondo sabemos no necesitamos o no queremos, pero por miedo o por costumbre, comodidad o pereza, nos negamos al cambio, cerramos cualquier opción para ello. Existen cambios fáciles en la vida, pero no habla de esos. Hablaba de los complicados. Cambiar esas cosas que no gustan pero forman parte de ti aún sin hacerte feliz, de las dificultades, de cuando se requiere mucha valentía y esfuerzo, de tomar decisiones drásticas la gran parte de veces, como dejar a un lado tu “área de confort” por ejemplo. En el camino encuentras miles de señales que te indican la dirección, y las ves…pero no las escuchas. Hasta que llega un día que “Plutón” se encarga drásticamente de ponerte en tu camino no con más señales que has ignorado, sino con obstáculos reales que te obliguen saltar.  Quien avisa no es traidor, pensará Plutón.

He encontrado esta definición mucho más buena que la mía:

Plutón tiene corazón
Plutón es un “planeta” transpersonal, trasciende lo material y nos ayuda a buscar la perfección. Es símbolo de la  transformación, de metamorfosis. Representa la regeneración tras la destrucción. Muestra en qué medida estamos dispuestos a cambiar nuestro ser y si somos capaces de hacerlo.

Plutón funciona a veces como la “puerta al destino“, ya que no sólo nos exige, sino que nos obliga a separarnos de los aspectos de nuestra vida que ya no nos sirven, y también a dar los pasos necesarios para seguir en el camino necesario. Los deseos interiores que hemos formado nosotros mismos son los contenidos subconscientes que surgen a la superficie de la conciencia. Entonces cuando sea preciso, realicemos, crearemos, pondremos en práctica o materializaremos lo que interiormente estamos buscando.

¿Quién no ha tenido estos cambios plutonianos alguna vez? Y los que quedaran probablemente….¿Como los llamáis vosotros?

Pues eso es lo que va a pasar (ojala), bien porque lo digan los planetas, las estrellas, la suerte o las malas decisiones. Porque al final llegan los resultados y tiene toda la pinta de que así pasará, que al final petará de la peor manera.   

Ojala antes de todo eso, llegue el día en que veas LA REALIDAD y sepas afrontarla. Dices que así eres feliz pero no te creo, no es verdad. Y aunque así fuera, podrías serlo mucho más.


Pase lo que pase, SIEMPRE VOY A ESTAR A TU LADO.  

miércoles, 20 de julio de 2016

Destino Andalucía

Este año hasta la segunda semana de agosto no cogemos las vacaciones y como gran novedad, diré que no vamos a la playa, no nos vamos de camping como todos los últimos años. He convencido a Toni a base de mucho insistir y no desistir para ir a donde hace más de ocho años que no voy y me apetece muchísimo llevar a mis niñas: AL PUEBLO.

Con la que está cayendo….hoy decían en la radio que se alcanzaría en Córdoba 43º. Quiero pensar que en agosto aflojan las temperaturas. ¿Me excedo en optimismo? Esperemos que no… ¿Y qué hay allí aparte de mucho calor? Lo típico de todos los pueblos sureños: casitas blancas, muchos olivos, gente encantadora, calles empedradas, cuestas interminables y la piscina del pueblo. ¿Y por qué quieres ir? Pues por todo eso.

Porque son mis raíces, porque el cuerpo me lo pide, porque me hace especial ilusión llevar a mi familia, porque aunque haga esa terrible caló (aquí hace también mucha acompañada de una humedad pegajosa que es casi peor), me gusta las noches a la fresca, me gusta que la gente hable sin parar, las fiestas de los pueblos, me gusta que las señoras salgan a barrer, que te pregunten “de quien eres” y sobretodo, ir a casa de mis abuelos. No se puede explicar la sensación que tengo y cómo me siento cuando he ido, no sé hacerlo.

Despertar allí, abrir los ojos y ver sus paredes antiguas, entre todas las cosas que mi abuela adoraba más que a su  vida misma. El suelo donde mi madre creció, los recuerdos de mi familia que están intactos en esa casa. Siguen los mismos muebles de siempre, los mismos cuadros y las mismas cortinas. Son sencillas, tanto que jamás han pasado de moda.  Menos el sofá morado duro de piel que es pequeñísimo e incomodísimo y tiraría a la basura nada más llegar, lo demás es completamente perfecto tal y como está.

Desayunar en su cocina con la ventana chiquitita abierta que deja entrar la misma luz que si fuera un gran ventanal, con todos esos vasos de cristal irrompible, cazos aboñados y platos pequeñitos auténticos de elaborada decoración que tienen más años que yo. Pisar descalza el patio, regar las macetas y mojar el terrao. 

Quiero volver.

Ahora “solo” falta llegar. Organizar un viaje de 1.000km. con dos niñas que a los 20 minutos de coche ya piden bajar. Nunca hemos rebasado el perímetro de hora y media de viaje desde que tenemos a nuestras gremblins de la carretera. Nunca. No nos hemos atrevido. De manera que este viaje es un reto para todos.

Valoremos la opción de  “transporte publico + coche de alquiler”, pero analizada bien, ha sido descartada. Nos vamos en coche, a nuestro ritmo. También hemos hablado de la opción “ruta” y parar en algún punto a medio camino, pero finalmente tampoco nos ha cautivado el plan.

Creo que la única forma es conducir de noche mientras ellas duermen. Salir a primera hora de la tarde-noche, sobre las 20:00 horas más o menos, e ir parando por supuesto. Después de cenar, sobre las 11 caerán dormidas y es donde nosotros podemos hacer kilómetros. No vamos a poder hacerlo del tirón, soy consciente. No estamos acostumbrados a conducir tantas horas de noche, así que la idea será parar en algún hotel donde descansar unas horillas. Dormir, desayunar, estarnos por allí y en la hora de la siesta, cuando vuelvan a dormirse, hacer la recta final.

Asumamos desde ya que habrán momentos de agobio y llantos, vayamos bien cargados de paciencia, ganchitos y porquerías aptas, que jugaremos al interminable veo-veo, dictados con la mayor, los móviles bien cargados con juegos y dibujos animados….pero llegaremos y pensaremos “pues mira, no ha sido para tanto”.

Mientras me auto convenzo y le pongo infinita fe, pienso: ¿Quién dijo miedo?


Ay!


lunes, 18 de julio de 2016

38 cumpleaños


El sábado fue mi cumpleaños. Dejo los treinta y siete bastante SATISFECHA con lo que soy. No es que esté satisfecha por nada en concreto, lo estoy en general (aunque me guste quejarme tanto y tenga mucho que aprender cada día). Soy consciente de lo afortunada que soy en muchos aspectos, también soy consciente de todo aquello que hago mal y sobretodo, soy consciente de que soy la responsable tanto de uno como de lo otro.

Comprendo cuando hablas con personas más “mayores” y te aseguran lo bien que se sienten consigo mismas aunque su piel esté más arrugada y su tez no conserve el brillo de la juventud. Empiezo a sentirlo. Con los años aprendes a quererte y cada día que pasas contigo misma, te conoces más. Esa experiencia es de  incalculable valor y  La paz que ese conocimiento sobre ti misma genera.

He aprendido muchas cosas en este último año, aunque algunas ya las sabía (siempre las sabes lo que no quieres aceptarlas). Como dice Txarango: “Dale tiempo a tu instinto”.

Me siento más segura y más preparada. Sé de todo corazón que siempre puedo darme la vuelta y sonreír. Porque todo va y viene y sobretodo, nada es para siempre. Ni lo bueno, ni lo malo. Nosotros tampoco lo somos.

No voy a renunciar nunca a ser feliz. Estoy aprendiendo lo sencillo que es. La venda se cae cuando estas dispuesta a ver y preparada para ello.

Las esperanzas que nunca se pierden consiguen cumplir sueños, a veces. Han sido unos 37 muy instintivos que me han enseñado muchísimo. A ver realizados algunos y a aceptar la enorme dificultad de otros. También existen los sueños imposibles, por sencillos que puedan parecer para otras personas.

Toni llevaba una semana diciéndome que el viernes saldríamos de cena romántica y cuando ya estábamos listos para irnos, aparecieron mis amigas. Te vas de cena ¡pero con nosotras! Vaya sorpresa…no me lo esperaba para nada y la cara de tonta no tuvo desperdicio. Fuimos a cenar, a ver una obra de teatro de esas que te partes de risa, a tomar algo y a un banco de un parque hasta las 3,30 de la madrugada después. Como las quiero a todas, son distintas, dos y dos de entornos y etapas diferentes pero con cada una de ellas me une algo especial y son las amigas de toda la vida. Gracias por montarme esta salidita de cumple, la verdad es que venía necesitándola.


El sábado lo celebre en casa con mis padres y hermanos. La verdad es que nos vemos poco durante el año y eso no me gusta. Así todos juntos me refiero. Aprovechando que este año caía en sábado monté cenita en casa. Nuestras juntas se ciñen a cumpleaños de los críos o navidad. Durante el año J. se va al camping todos los fines de semana, P. se pasa la vida trabajando los fines de semana inclusive, cada uno va a lo suyo y cuando quieres darte cuenta han pasado meses sin verles. No puede ser. Pues estuvimos en casa la mar de  bien también. Por cierto, hice una tarta de queso y limón……que fue un exitazo. Sin fotos, para variar. Me da muchísima rabia no caer en hacer fotos en el momento que toca. Me enredo y se me olvida. Voy a tener que centrarme más en sacar el móvil y disparar (como hace todo el mundo) porque luego no tienes los momentos inmortalizados como tanto me gusta. Además de hacer otra tarta..…

Un día de estos 37 años, no recuerdo de donde salió, apareció ante mí este dibujo con este mensaje. Nadie imagina el efecto que en mí tuvo. Hasta me hizo llorar. A mis treintaysiete, madre de dos niñas que empiezan a vivir, me dí cuenta del montón de miedos que han rodeado mi vida siempre. A esta imagen le debo haber dado un salto hacia delante en mi camino personal. He dejado de tener miedo a ser yo.



Y con este mensaje me digo FELICIDADES, ¡¡Bienvenidos 38!!


 ¡¡Por muchos más!!!